miércoles, 10 de octubre de 2012

DIA 2: UN HOMBRE CON PANTALÓN Y ZAPATOS DE TREKKING NO ES UN MONTAÑISTA.

Nos encontramos a 9.10.2012, despertando de la resaca del viaje de más de 11 horas , eso sí, descansados y en pié a las 6:30. Y a esa hora descubrimos una ciudad “ La Antigua” que nos transporta a una realidad colonial, y a una paz en los quehaceres diarios.


 Recorremos sus calle empedradas y descubrimos monumentos que quedaron en pie tras los años de terremotos, como el arco de Santa Clara ( queda realmente cerca de nuestro hotel) o La iglesia de la Merced, que destaca por su color mostaza y su gran rosario de luces en la entrada.


 Hemos descubierto que dos factores son primordiales en esta ciudad, localizar el parque central( ahí se encuentra la mayor aglomeración de negocios) y callejear para preguntar los diferentes precios de las excursiones y transportes.


 Tras realizar esta búsqueda de lo baroto sin renunciar a la calidad, conseguimos disminuir el precio inicial en un 50%.


Y llegó el momento de comer, a las 12:00 cruzamos el umbral de La Fonda de la Calle Real, buen servicio, comida de buena calidad ( aunque los tamales no fueron de nuestro gusto, me imagino que seria cuestiones de gustos, el resto de la comida consistente en carne a la brasa, frijoles en pasta, arroz, plátanos y chorizos; estaba deliciosa).310 QTZ incluyendo postres.



     Y ahora la subida al volcán Pacaya. Decir, antes de proseguir, que la ciudad de la Antigua esta enclavada entre volcanes, en este caso el volcán del Agua, Fuego y el bicéfalo Acatenango; que en un principio y cambiando los planes íbanos a una excursión de 7 horas a éste último, aunque gracias a alguna divinidad maya ( tenemos que adaptarnos al contexto) no lo hicimos. En breve la conclusión.


 Haciendo honor a nuestro despiste, y al no llegar a tiempo al hotel, no pudimos contratar el día previo la excursión de 7 horas. Y para no liarnos más decidimos que el plan original de subir al Pacaya era bueno, cerrado quedaba con una agencia. Tras el paseo por la ciudad todo cambio, un guía local no la ofreció por la mitad y sin más preámbulos tomamos esa opción ( eso desencadenaría en Cristina un dilema moral, pero ahí estaba yo, el hombre sin conciencia jajaj, para decirle que los negocios son negocios …y como no podíamos localizar a la persona de contacto de la agencia, le mandamos un sms que para eso están las nuevas tecnologías) . Finalizado el duro proceso de toma de decisiones, subimos al microbus de traslado al Pacaya de una hora de curvilíneas carreteras. Y al llegar a la falda del volcán, descubrimos un paisaje de tierra negra con abundante vegetación. Que bien se respiraba, como nos gustaba estirar nuestras fuertes piernas y que fácil nos habian dicho que era el ascenso. Con energía renovado al ponernos en contacto con esta exuberante naturaleza, dimos comienzo a nuestro éxodo. Pero pronto los sudores corrían a mares y nos alejábamos quedándonos rezagados por una pareja de jóvenes ingleses que trotaban por la empinada ladera. Nuestro corazón latía desenfrenadamente y los pulmones empezaban a molestar por la intensa respiración; y es que el ritmo impuesto era enérgico. Además era curioso que un grupo de locales no seguían con sus caballos, e iban mermando nuestra moral diciendo lo lejos que quedaba el final y que todo empeoraría. Pero nuestra prodigiosa mente, nuestra fortaleza forjada en horas y horas de práctica aguantaba en el envite, minuto tras minuto; dios como disfrutábamos del sufrimiento….eso sí fueron 5 minutos más, la primera en caer fue Cristina y tras negociar un buen precio, a pesar del cansancio, minutos después, depuse mis zapatos de trekking por un par de estribos. Derrotados y abatidos, con nuestra fuerza de voluntad hecha añicos, y una fina lluvia cayendo sobre nuestra testa confiada, y llevándose progresivamente nuestros prejuicios, y sientíendonos descansados y felices de haber tomado esa decisión, mientras el terrenos sufria una inclinación desmesurada que hizo que el vertido se apoderada de mi alma de cowboy, jajajaj…tendrías que haber visto mi maestría al controlar las riendas que el corcel amaestrado que conocía el camino mejor que yo el de mi casa….


 Tras cambiar el dolor de todo mi cuerpo, por el de mis adubtores y rodillas, al fin llegamos al cráter del Pacaya, un inmenso malpaís que se había desbordado por una de sus aristas, y en algunas de las regiones se puede sentir el calor latente, que según nos comento nuestro guía Rodolfo, la lava encontraba a menos de 80 metros, y se espera una nueva erupción, formalmente ruptura , en menos de 6 meses (¡esto de no preveer las erupciones nos fastidiara ver los ríos de lava, tiempo al tiempo amigos…)


 Y la bajada prometía que finalmente lideraríamos el grupo, Cristina estuvo casi dos minutos con cabeza de pelotón, pero pronto los ingleses en sus desesperación y nuestra pachorra con las foto ( Cuando Cristina paró a mitad de descenso, a fotografía la “Gallina ciega” una oruga que come hojas de cafetales, creí que se querían quitar allí mismo la vida, entre tierra volcánica y naturaleza incorrupta, yo insistí que la mejor manera no eran cortes si no la ingestión de la tierra sulfurosa, finalmente todo quedo en nada una simple llamada de atención)


 Tras este día glorioso aprendí una lección, si quieres subir montañas cómprate un buen caballo.

2 comentarios:

  1. Ay mi niño..qué poeta y qué aventura desde el principio!! jiji pobres...con la oruga me reí...todo caballo arriba y abajo! espero que sí vean ríos de lava...guay los ahorritos q no vienen nada mal!! se van a jartar a frijoles jiii...Besitos a los dos y seguimos la aventura...fotos!kiss

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  2. Ay amore... Si yo te contara lo que es una aventura... Madre mia... En fin.. Son dias muy completos, ya mañana empezamos con las fotos. Bssss

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