Reloj que das la horas no sonaste para mí. Sinceramente
tampoco fue necesario, a las 2:45 me desperté y no podía dormir de la emoción
del viaje que nos aguardaba. La subida a las faldas del volcán Santa María.
Nos
recogieron con retraso, sobre las 4:40 de la mañana, y nos llevaron por calles
oscuras y por carreteras de pura terraceria hasta un páramo que seriamos
incapaces de identificar, todo estaba oscuro como boca de lobo y sin ninguna
estructura ni señal que nos sirviera de referencia.
Comenzamos
el camino, siguiendonos unos a otros como fila india, alubrandonos con
linternas, bueno eso los que tenían, por que el que relata esta capítulo estaba
desprotegido lumínicamente hablando pues la promesa de traer una luz extra se
quedo en aguas de borrajas. Compartiendo el haz que proyectaba la antorcha
lítica de nuestra amiga cristina, poníamos un paso detrás de otro. Pronto fue
sustituida el sonido del calzado por el jadeo mientras el terreno iba
ascendiendo progresivamente. El camino se veía largo y complejo, pero las
continuas paradas y la paciencia de los quetzaltrekers hizo que el lugar se
convirtiera en una experiencia más benigna que nuestra osada subida al pacaya.
Claro está que habían varias circunstacias que convergieron para que fuera esta
situación posible: en primer lugar que la intensa oscuridad no permitía un
avance rápido, esto último fue sistemáticamente desapareciendo conforme los
primeros rayos de sol llevaban claridad a nuestra invidente vida; en segundo
lugar, varios de nuestros acompañantes de fatigas sufrían el mal de la diarrea
del viajero, aunque en pocas ocasiones nos tuvimos que detener a esperar mientras
devolvían a la tierra el fruto de sus estómagos.
Simplicarse
el camino, y dejar de necesitar una iluminación extra, todo fue uno. A las
faldas del Santa Maria divisamos el Santiaguito, y mientras se preparaba el
improvisado desayuno a base de frutas, café, granola ( el gran descubrimiento
de los cereales de cristina que ya tiene una nueva formula magistral para las
mañanas), nuestro amigo nos deiletaria con tres hermosas y eméticas explosiones
de ceniza. No sentimos movimientos telúricos, pero en Xela sentimos dos seísmos,
uno a las 4:45 de la mañana con susto incluido de la compañera y el otro cuando
preparabamos nuestro equipaje para el traslado de ciudad, según nos comentó
jorge (un taxista con el que negociamos un par de excursiones) es frecuente
cuando se acerca la estación seca; si os digo la verdad prefiero que me duela
las articulaciones.
Aquello
que sube baja, y lo que baja debe subir. La vuelta fue entretenida, compartimos
un rato agradable con voluntarios de los quetzaltrekers que nos explicaban como
son sus vidas tanto dentro como fuera del voluntariado. Es muy interesante, que
lo que recaudan con sus excursiones ( parecido proyecto al que realiza CondorTreker
en Bolivia) lo destinan a la educación de 14 niños en una escuela en Xela.
La
vuelta a la ciudad fue igualmente divertida, entre los naturales de la zona
dentro de un Chicken bus, era el antepenúltimo transporte que nos quedaba por
probar, y aunque relativamente corta muy interesante y recomendable ( sobretodo
la música, animada y los canales de música interesantes, pidiendo esos
suspiros; es decir en vez de llamar y decir quiero tal canción para esta
persona, llamabas y dejabas un aaaaahhh suspirado por ella, muy romántico…).
Despedirnos
y volver al hotel caminante por las calles de Xela bajo un sol que ya había
alcanzado las cotas del cenit celeste era tarea indispensable. Preparar la
maleta, un bocado en el Maya Inn y un licuado de frutas en el Baviera dejaron
sanjado nuestro paso por Xela. Nos espera un trayecto de dos horas y media
hasta Huehuetenango. Adiós Xela. Hola Huehuetenango!!!
Pensabaís
que el día había terminado... yo también, pero no. A las 17:00 la vida no se
acaba, y debíamos encontrar tanto desplazamiento para Nebaj al día siguiente
como una agencia que nos surtiera de los lugares que queríamos visitar que por
otra parte eran muchos.
La
agencia la localizamos por casualidad, pues estaban haciendo un cambio de
local y estaba todo manga por
hombro. El guía Ricardo nos
ofrecía una excursión a “Los Cuchumatanes”, visitando el pueblo de Todos Los
Santos, al que nostros incluiamos una visita a “La Maceta” y él prometía
entradas y visitas a las Ruinas Maya de Zaculeu. Tras salir de su improvisada
oficina y consultar un par de taxis en la plaza de la municipalidad, parecía que nuestro viaje a Nebaj nos saldría
por un ojo de la cara. Por cuestiones de
organización nos dividimos, voviento el que escribe al hotel y Cristina
a la agencia.
Cuando
nos reencontramos había solventado parte de nuestro problemas, tenía la
excursiones del día siguiente y casi apalabrado el transporte a Nebaj, además
había descubierto un restaurante denominado “La Tinaja”.
“La
Tinaja” merecería un capítulo, pero se tendra que confirmar con unas lineas....(porque no puedo ya con mi "arma")... Imaginaos el día que llevavamos, en resumen: 1 madrugada, 1 subida y bajada al
volcán, 1 vuelta al hotel, 1 viaje de 2 horas y media en coche, 1 cheking en el
hotel zaculeu, 1 vuelta por programar....Estabamos rendidos ó quizas lo suiguiente.
Y nuestro nuevo amigo Rolando llego a nuestra fatigada vida.
El
restaurante “La Tinaja” nace con un proyecto local de concienciación en el que
se promueve un intercambio comercial justo, entre los productores de Huehue y
el resto del mundo. Se presenta con una entrada minúscula que alberga en su
interior amplios salones, decorados de diferente forma y estilo: el salón de la
moneda, el salón de los huipiles ( indumentaria típica de cada región…),
y después de pedir una serie de antojitos huehuetangos, y mientras se preparaban; una extensa diatriba sobre la cultura huehuetanga nos fue expuesta.
Nos hablaron del origen de la palabra Guatemala, que significa mucho árboles, nominada por los primero visitantes de estas tierras, un pequeño recorrido histórico local , el origen geológico de las montañas que encuentran la región “Los Cuchutamanes” y como no, la calidad del mejor café de Guatemala, según el consejo regulador del café de Guatemala. Era francamente interesante, pero nuestros cuerpos nos pedían descanso y rápido e intensamente.
y después de pedir una serie de antojitos huehuetangos, y mientras se preparaban; una extensa diatriba sobre la cultura huehuetanga nos fue expuesta.
Nos hablaron del origen de la palabra Guatemala, que significa mucho árboles, nominada por los primero visitantes de estas tierras, un pequeño recorrido histórico local , el origen geológico de las montañas que encuentran la región “Los Cuchutamanes” y como no, la calidad del mejor café de Guatemala, según el consejo regulador del café de Guatemala. Era francamente interesante, pero nuestros cuerpos nos pedían descanso y rápido e intensamente.
Compramos
unos paquetes de café, digerimos toda la información que nos suministró
Rolando, dejamos firma escrita en su pared y nos hicimos unas cuantas fotos
para no perder las costumbres.
Finados
en nuestras camas, solo pudimos dormir, o eso creía yo...
Genial el día..subidón en la cima...fotos :beauty!!!....Cara d relajados (d vacas) n l restaurant...improvisan transporte..aventura total.Disfruteeeeen!!!
ResponderEliminarPura aventura amiga... Pura aventura... Ahora estamos donde cristo perdio el gorro y medio incomunicados... A ver si volvemos a la civilizacion y publicamos entraditas...
ResponderEliminarBesitos...
Me encanta la d los dos cn l volcán!!!!! d portaretrato jiji
ResponderEliminarJajaja... Que guayyyy... Todavia no hemos podido ver todas las fotos... Pero tenemos muchas chulasssss. Bssss
ResponderEliminarHola , _Cris, te pusiste alguna camisa de las sillas del restaurante para comer y estan bien ambientada, o eran de pega ? Ja, Ja, Si es así, alguna fotito , porfa.... Un besote.
ResponderEliminarQue ingeniosa Pilar... Jajaja... Lo cierto es que eran de verdad.. Pero no se me ocurrio ponermelas y eso que en el lago Atitlan una vendedora me decia q me los pusiera, solo para hacerme la foto... Pero ya sabes como es... Lueho te ves obligada a comprarlo y no tengo hueco en la maletaaaaaa
ResponderEliminarBsss